Ser constante en tu proyecto no siempre tiene ventajas

Ser constante es uno de los elementos fundamentales del éxito en tu proyecto, siempre que tengas clarísisisisisisimo lo que quieres conseguir y que estés enfocada y dispuesta a lograrlo sea como sea (trabajando para ello en tí misma y en tu mentalidad).
 
Pero como todas las fórmulas mágicas, no es infalible. O dicho de otra manera, no se debería aplicar siempre y bajo cualquier circunstancia. ¡Suena a prospecto de medicamento!
 
En mi caso, hace un tiempo que se acumularon N imprevistos y circunstancias de mil colores, y todo ello puso mi vida un poco “patas arriba”. Y durante varias semanas, ser constante y “tirar hacia adelante” me ayudó un montón, y reconozco que aprendí muchísimo sobre mí misma y sobre la sensación de que puedo conseguir las cosas que me proponga, a pesar de que las circunstancias no sean las ideales.
 
Pero esta situación tuvo también una “cara B” y un coste, y lo que de verdad aprendí es que la fórmula “constancia + auto exigencia” (de la que estoy convencida de que tú también tienes un poquito) da como resultado “explosión de nitroglicerina”.
 
Cuando las circunstancias son las que son, no puedes dedicar a tu proyecto el tiempo que te gustaría, y en esos momentos tu propia auto exigencia se pone “en la pole”…. Yo estaba per-ma-nen-te-men-te agobiada porque no estaba haciendo lo suficiente, porque no era lo suficientemente buena, porque no lo estaba haciendo lo suficientemente bien y porque no me esforzaba lo suficiente, ¿te suena?
 
Y cuando solamente tienes ojos para lo que estás haciendo mal y para lo que te falta, la visión que tienes sobre tí misma no es de “soy una emprendedora que consigue lo que se propone”. Ni mucho menos….
 
¿Sabes cómo terminó este capítulo? Agotada física y mentalmente, y en un punto de mi proyecto en el que me dí cuenta de que no quería estar. Y todo porque me había puesto unas orejeras y no me permitía parar a pensar, ni a escucharme a mí misma, ¡ni mucho menos a ver las cosas con perspectiva!
 
Estaba tannnn agobiada por ser constante “de manual” y por seguir haciendo “lo que se supone que tenía que hacer”, que no miraba ni hacia los lados ni hacia adentro. Y avancé, pero no hacia donde quería ir… Y no podía echar la culpa a las circunstancias, a la alergia primaveral ni a los sulfatos del champú: la responsable era yo solita.
 
Darme cuenta de ello fue un alivio, aunque necesité ayuda para verme con perspectiva y para analizarlo en profundidad, a pesar de lo que me dolía enfrentarme a ello. Al fin y al cabo, me lo había currado un montón, pero no era eso lo que quería lograr como resultado, y eso no deja de ser un chasco. Que el aprendizaje es muy chulo, pero también tiene pinchos y duelen…por lo menos, a mí! 😉
 
Así que ahora trato de ser constante, pero “a mi estilo”, y habiendo aprendido lo siguiente:
 
No todos los días soy constante de la misma manera, y es genial!
No puedo ser constante a cualquier precio. Si otras partes de mi vida caen por culpa de tratar de ser constante y auto exigente al mismo tiempo, eso afectará a mi proyecto más pronto que tarde…
No puedo meter en mi vida con calzador las cosas-estrategias-fórmulas-etc. que funcionan a otras emprendedoras, porque mi vida y mis circunstancias son diferentes!
 
Porque los resultados son importantes, pero lo que de verdad tiene mérito es lo que te estás esforzando por el camino, lo que estás luchando por conseguir, así que ha llegado el momento de reconocerte el mérito YA, independientemente de los resultados!!
 
Y recuerda, amiga mía: o constancia o auto exigencia, ¡elige una! 
 
Pero no las juntes, please, porque lo que vas a conseguir es una explosión de TNT!! 💙
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